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Turismo – Ayuntamiento de Ayllón – dipsegovia.es (ayllon.es)
Como ocurre con otros muchos pueblos, Ayllón no conserva restos de su pasado más remoto, aunque hayan quedado en el Cerro claras muestras de la existencia de un importante asentamiento celtibérico.
Prueba de ello son los abundantes restos de cerámica roja y negra con línea horizontales y circunferencias concéntricas parecidas a las encontradas en Numancia y otros lugares de Soria.
Parece ser que este asentamiento celtibérico de Ayllón guardaba estrecha relación con la ciudad prerromana de Tiermes o Termancia, que fue destruida por los romanos, al mando de Tito Didio, en el año 94 a.C.
Poco dejaron los romanos en Ayllón tras acabar con el asentamiento celtibérico del Cerro y pacificar la zona de Termancia.
A las legiones romanas las siguieron godos y visigodos, de los que han quedado algunos restos hallados en la necrópolis de La Dehesa.
De la ocupación árabe sí han quedado en la villa numerosas e importantes muestras, como los lienzos de muralla de tapial denominados ‘Los Paredones’ y la propia torre albarrana de dicha muralla, a la que se conoce como La Martina, por haber servido de campanario de la iglesia románica de San Martín, construida a sus espaldas y de la que hoy únicamente quedan los cimientos.
En la primavera del año 933, el conde Fernán González averigua por sus espías que un gran ejército árabe avanza por los caminos de Medinaceli, amenazando las plazas de Osma y San Esteban. Mientras sus mensajeros corren a dar cuenta al rey de León, él resiste el primer embate.
A partir de esta fecha, en los comienzos de la unidad de este Condado de Castilla, la mayor parte de las tropas árabes entrarán por este camino. Aunque no se cita, puede que Ayllón fuera una de las muchas plazas que sufrieran las duras embestidas de Almanzor, como lo fueron San Esteban, Gormaz y tantos otros. Lo cierto es que la permanencia árabe en esta tierra fue prolongada.
En el poema Myo Cid, al describir el viaje del legendario Rodrigo de Vivar camino del destierro, cita los siguientes versos: ‘De siniestro San Esteban una buena ciudad / de diestro a Lilon las torres moras las han’. De ello se deduce que, en aquella época, reinando Alfonso VI, Ayllón estaba en poder de los árabes.
Según las crónicas, Ayllón fue reconquistada en mayo de 1085 por las tropas de Alfonso VI, que consiguió trasladar la frontera con los árabes del Duero al Tajo.
Inicialmente, la villa pasa a pertenecer a la Diócesis de Osma, pero al reformarse en 1088 la de Castilla, es asignada a la de Sigüenza.
En el año 1154, el rey Alfonso VII estuvo en la villa, y en 1180 la visitarían Alfonso VIII y su esposa Doña Leonor.
Precisamente, fue este último monarca quien otorgó en Ayllón, el 8 de agosto de 1201, un privilegio a la villa de Sepúlveda que eximía de tributos a quienes vivieran todo el año con casa dentro de sus muros.
Durante el reinado de Alfonso VIII, las milicias del concejo de Ayllón participaron y vencieron en la batalla de las Navas de Tolosa (16 de julio de 1212), al mando del paladín Don Diego López de Haro, llevando como estandarte el actual escudo de la villa.
En 1214, el propio taumaturgo San Francisco de Asís, procedente de Arévalo, funda en las afueras de la villa el convento de frailes menores que hoy lleva su nombre.
Ya en el siglo XII, los judíos en Castilla eran propiedad del rey y, como hebreos, podían salir de la judería los días laborables hasta después del Ave María (puesta del sol), pero debían permanecer encerrados los domingos y días de fiestas religiosas.
La historia recoge un suceso, muy relacionado con la comunidad judía, acaecido en Ayllón a finales del siglo XIII:
Este hecho tiene que ver con el llamado ‘Milagro de las Cruces’, del que no tenemos noticias judías, sino las que proceden de Abner de Burgos, judío convertido al cristianismo, del que se hizo eco Amador de los Ríos en su ‘Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal’, así como numerosos escritores cristianos posteriores.
Por esa época, al parecer, tuvo lugar un movimiento mesiánico judío instigado por dos líderes, uno al que se denominaba Profeta de Ávila y otro llamado Profeta de Ayllón (probablemente el mismo, al que se conocía con esos dos apelativos, que sería natural de Ayllón, pero residente en Ávila).
El movimiento mesiánico popular vaticinaba que el último día del mes hebreo de ‘tammuz’ (por junio o julio) del año de 1295, los judíos recibirían una señal de la redención o llegada del Mesías en forma del tañido del ‘shofar’ (cuerno de carnero).
Sin embargo, el día señalado el cuerno del carnero no sonó y aparecieron cruces en las casas de dichos rabinos, así como en sus vestimentas y dondequiera que ellos entraran. Para algunos judíos tal hecho había sido obra del diablo, mientras que otros, creyéndolo una señal del Mesías, abrazaron el cristianismo.
En 26 de julio de 1300, por la confirmación de un privilegio del rey don Sancho, se sabe que estuvieron en Ayllón los reyes don Fernando IV, el Emplazado, y su madre, la prudente reina doña María de Molina, procedentes de Valladolid y camino de Almazán.
Asimismo, doña María de Molina pasó en Ayllón parte de la cuaresma del año 1306.
Alfonso XI se casa con doña Constanza Manuel, hija del infante don Juan Manuel, a la que repudia para casarse con doña María de Portugal. Este hecho fue motivo para que las tropas del infante pasaran a sangre y fuego, en 1327, las villas de Ayllón y Sepúlveda, entre otras, en una acción devastadora y cruel.
También Alfonso XI pasó las Navidades de 1333 en Cuéllar, descansando en Ayllón, camino de Sepúlveda.
Ayllón fue una de las primeras fortalezas que defendieron la causa del primer rey de la Casa Trastámara, don Enrique el de las Mercedes, después de la muerte de su hermano don Pedro I El Cruel.
Sin embargo, la historia más brillante de Ayllón tiene lugar en el verano del año 1411, cuando el rey de Aragón, don Martín El Humano, muere sin sucesión. El reino se halla entonces en una situación crítica y son varios los pretendientes: don Jaime, conde de Urgel; don Alfonso, duque de Gandía; el conde de Foix, casado con la infanta doña Juana de Aragón; don Fadrique, hijo legitimado de don Martín de Sicilia; don Luis de Anjou, duque de Calabria, y don Fernando de Antequera, hijo de Juan I.
Don Fernando, hijo también de doña Leonor de Aragón, es el pariente más próximo y, además, goza de gran fama, en especial por sus victorias en Andalucía y la conquista de Antequera, que le valió el sobrenombre.
Los hombres de buena voluntad intentan poner de acuerdo con las Cortes de Aragón, Cataluña y Valencia, en un intento de mantener la unidad, para lo cual es del todo necesario aceptar un acuerdo que acabe con la anarquía imperante. Dicho acuerdo se fundamenta en el nombramiento de nueve compromisarios –tres por cada uno de los reinos confederados– que se reúnen en Caspe.
Mientras tanto, las intrigas políticas favorecen que don Fernando se instale en Ayllón, adonde llama a la reina doña Catalina de Lancáster y a su sobrino, el rey niño don Juan, después don Juan II. Ante la llamada, la comitiva real se traslada a la villa desde Riaza el 16 de julio de 1411, para acabar firmando la paz con Portugal, una paz muy buscada tras la derrota que las tropas castellanas, mandadas por el rey Juan I, sufrieron en la batalla de Aljubarrota el 14 de agosto de 1385.
Pocos días después llega también a Ayllón, procedente de Toledo, el gran taumaturgo san Vicente Ferrer, convocado también por los reyes, y el fraile se hospeda en el convento de San Francisco. Es fama que predicó ante ellos y que aconsejó a los reyes que los judíos tuvieran barrios separados de los cristianos.
Lo que sí tuvo de acertada la elección de don Fernando de Antequera en el Compromiso de Caspe es su acusada personalidad como político y guerrero.
¿Tuvo algo que ver la decisión tomada en Caspe con estas reuniones? Es muy posible que en ellas se fraguara el resultado, pues san Vicente Ferrer fue su más infatigable defensor.
No existen muchas noticias sobre los judíos de Ayllón, como reconoce el gran historiador de los judíos en la España cristiana, Yitzhak Baer, autor de una monumental Historia de los judíos en la España cristiana.
Sin embargo, sí se sabe que en Ayllón existía una de las más importantes juderías de la provincia de Segovia, junto con las de Cuéllar, Coca, Fuentidueña y Pedraza.
Prueba de la importancia de la judería de Ayllón, es que ésta era considerada aljama, es decir, que tenía la suficiente entidad y cantidad de población como para autogestionar los diversos impuestos que la monarquía imponía sobre la comunidad judía.
Como ya se ha dicho, en 1411, San Vicente Ferrer compareció y predicó en Ayllón contra los judíos ante los regentes –los ya citados Catalina de Lancáster y Fernando de Antequera– y, como tiempo atrás se había revelado en esta villa un hebreo llamado ‘Profeta’, mandó que, en adelante, los judíos portasen una visible señal colorada.
En 1412, los mismos tutores del rey Juan II promulgan unas disposiciones, conocidas como las Leyes de Ayllón, muy restrictivas hacia la comunidad judía castellana.
De modo general, dicha legislación limitó la independencia jurídica y administrativa de las aljamas, prohibió a los judíos el desempeño de ciertas actividades profesionales y estableció la segregación social de la comunidad judía.
Prueba de la huella que dejó la villa en el pueblo semita es que existe el apellido Ayllón en judíos y conversos:
Sirva de ejemplo Juan de Ayllón (siglo XVI), que fue reo de la Inquisición, figuró en la lista de conversos que la Inquisición española pasó a la portuguesa para su búsqueda y también fue imputado en el proceso de Francisco de la Cruz.
Por su parte, Salomón Ayllón (siglo XVII) fue rabino de la comunidad sefardí de Londres, notable talmudista y erudito. Datos sobre él se pueden encontrar en Wikipedia (versión inglesa).
El mayor auge y esplendor de la villa de Ayllón tienen lugar a mediados del siglo XV, con ocasión de estar en ella, en calidad de desterrado, el Condestable de Castilla, Don Álvaro de Luna, a quien el rey Juan II había concedido en 1421 el Señorío de San Esteban de Gormaz, formado por el propio San Esteban, la ciudad de Osma, Alcozar y Baraona, ahora en Soria; las villas de Ayllón, Riaza, Castilnovo, Fresno de Cantespino y Maderuelo, ahora en Segovia, y el Castillo de Garcimuñoz, en Cuenca.
– En 1423, Juan II otorga a Don Álvaro de Luna el título de conde de San Esteban.
– En 1440, Don Álvaro de Luna funda mayorazgo en favor de su hijo Juan de Luna, quien recibe el condado de San Esteban de Gormaz.
– En 1453, el rey Juan II, presionado fuertemente por determinados miembros de la corte, ordena que Don Álvaro de Luna sea decapitado en Valladolid. Ese mismo año, Juan II hace merced al conde Juan de Luna de la villa de San Esteban, con el título de condado, y de las villas de Ayllón, Riaza, Langa, Horadero, Rejas y Alcozar, entre otras, y de las tercias de la ciudad de Osma.
– En 1455, Enrique IV confirma las donaciones que hizo Juan II a Juan de Luna.
– En 1456, muere Juan de Luna y sus posesiones pasan a su hija, Juana de Luna, bajo la tutoría de su abuela, Juana Pimentel, viuda de Don Álvaro de Luna y marquesa de Montalbán.
– En 1459, Diego López Pacheco, II marqués de Villena y II duque de Escalona, no sin turbias maquinaciones en la corte, entra en posesión de estas propiedades al contraer matrimonio con Juana de Luna, nieta del Condestable.
Como importante villa dependiente de los marqueses de Villena, Ayllón prosperó y vio crecer su patrimonio arquitectónico, monumental y artístico, a la vez que mantenía e incrementaba su innegable peso en la historia.
En la actualidad, la casa titular del Condado de San Esteban y Montijo es la de los duques de Alba.
– En el Archivo de Simancas hay una provisión real de doña Isabel la Católica, fechada en Alcalá de Henares en 1503, en la que establece una concordia en los debates que tenían don Diego Hurtado de Mendoza, duque del Infantado, y su hijo don Íñigo de Mendoza con las villas de Santisteban y Ayllón, Maderuelo, Fresno de Cantespino, Barahona de Ambos Barrios, Alcozar, Riaza, Castillo de García-Muñoz, Castilnovo y Osma.
– En agosto de 1581, camino de Ávila y procedente de Soria, donde acababa de fundar el convento de la Santísima Trinidad, santa Teresa afronta uno de los viajes más duros y penosos de su vida.
En pleno verano y con el sol abrasándolo todo –‘con harta calor’, como diría Teresa de Jesús–, la santa emprende un agotador trayecto que incluso hará que su salud se resienta.
La acompañan Ana de San Bartolomé, su enfermera e inseparable compañera de reforma, el canónigo racionero Pedro de Ribera y dos carreteros.
Al parecer, la comitiva descansa en Burgo de Osma, pasa por Piquera de San Esteban y se dirige a Ayllón, para después seguir hacia Segovia y, finalmente, hacia Ávila.
Teodoro García García cuenta en sus libros El Señorío de Ayllón e Historia y tradiciones de Ayllón y su tierra que es muy posible que santa Teresa estuviera en la villa un par de días (19 y 20 de ese mes de agosto de 1581) y que se alojaría en la hospedería del convento de frailes menores de San Francisco.
– Es indiscutible que Ayllón siguió la vida de Castilla a través de sus luchas en la guerra de las Comunidades y cuantos acontecimientos históricos hubo en épocas precedentes.
– Fue en Ayllón donde Juan Martín Díez, El Empecinado aceptó la solicitud de la Junta de Guadalajara y Sigüenza para que se desplazara, el 11 de septiembre de 1809, a Guadalajara, donde poco a poco se pusieron bajo su mando gran parte de las diferentes partidas que operaban en la provincia.
También en 1809 las fuerzas guerrilleras de El Empecinado atacaron a los franceses en las proximidades de Ayllón, por lo que éstos, en 1810, saquearon la villa y quemaron varias casas, los archivos de la parroquia de San Miguel y parte de la Casa del Ayuntamiento. Al año siguiente, las tropas del general Durán atacaron a los invasores, cerca de Ayllón, el 23 de julio.
– En noviembre de 1825 se formó un batallón de voluntarios realistas contra las tropas carlistas, con 324 plazas de Ayllón y su partido.
– En 1929, la villa recibió la visita de la egregia infanta doña Isabel, que antes de viajar a Barcelona quiso conocer personalmente los dos edificios de Ayllón que se reproducen en el Pueblo Español: el Palacio de los Contreras y la Casa de la Torre.
San Juan es, en origen, un templo románico de una sola nave rematado por cabecera semicircular. Su orientación es la característica de este estilo, con el presbiterio hacia el este. Fue intensamente reformado en el siglo XVI.
El arco triunfal es apuntado, sobre ábacos decorados con taqueados jaqués que originan una imposta que recorre toda la cabecera. Sobre ella se han reconstruido con fidelidad las bóvedas de medio cañón y horno apuntadas. Los capiteles se decoran con unas raquetas muy peculiares, inéditas en el repertorio de decoraciones románicas. Cinco aspilleras daban luz a la cabecera, todas enmarcadas con arcos de medio punto. Se adornan con baquetones, taqueado, junquillos, baquetones, y en sus capiteles aparecen, entre otros motivos, animales y pájaros.
Se ha conservado la portada que daba acceso a la nave por el lado norte. Es de tres arquivoltas, compuestas la interior y la intermedia. La interior se decora con flores de cuatro pétalos y zigzag; la intermedia es abocelada y en la exterior se repiten los mismos motivos que en la primera. Más elaborada es la portada de mediodía, de cuatro arquivoltas decoradas con flores de cuatro pétalos, medias esferas, taqueado y ábacos con estrellas de sabor oriental. En el lado del Evangelio, un sepulcro plateresco con figura yacente tapa la ventana románica. Según el cronista Artigas, perteneció a la ilustre familia de los Daza, de gran relevancia en Ayllón, en concreto al ilustre don Juan de Daza, gobernador del condado de San Esteban de Gormaz.
La capilla de San Sebastián es de estilo gótico postmedieval, construida en 1526 en el lado sur de la nave. Sus altos muros de sillería se refuerzan en las esquinas con grandes contrafuertes, uno de los cuales permite el discurrir del antiguo paseo de ronda. En el muro sur se abre una ventana redonda con una estrella de cinco puntas inscrita, tenida como símbolo de la libertad, bajo el cual se firmaban documentos ante notario como señal de hacerlo sin coacciones. Dicha estrella también es de simbología templaria y actualmente existen 3 estrellas en el mundo colocadas en esta posición. En el interior, la capilla se cubre con bóveda de crucería con forma de estrella de cuatro puntos. Las ligaduras forman una cruz y los combados un trébol. En todas las intersecciones de los nervios se situaban claves decoradas, muchas desaparecidas. En la inscripción que recorre los muros puede leerse: «Esta capilla (la) hizo y dotó el muy noble y así discreto varón Pedro Gutiérrez, natural de esta villa, tesorero y secretario que fue de los más ilustres señores don Diego López Pacheco y doña Juana Enríquez, marqueses de Villena. Año de 1526 años». En el lado del evangelio se conserva un sepulcro plateresco con figura yacente perteneciente a don Juan Gutiérrez, padre de don Pedro. El sepulcro de los fundadores se conserva en la iglesia de San Miguel.
Suprimida la parroquia en 1796, en 1821 ya estaba arruinada. Sus actuales propietarios, tras consolidar los restos, instalaron pegado a la finca un museo de Art Brut.
Saliendo de la Plaza Mayor por la calle que limita la Casa de la Torre, se llega a este palacio, construido a finales del siglo XVI.
Fue mandado construir para su sobrino, del mismo nombre, por Fernando de Vellosillo, hijo ilustre de esta villa que llegó a ser obispo y señor de Lugo. Eminente teólogo, participó, en representación de Felipe II, en las deliberaciones del Concilio de Trento y llegó a ser consejero real.
Entre los años 1972 y 1983, y tras muchas vicisitudes, el palacio pasa a ser de propiedad municipal y se procede a realizar una profunda restauración.
En la actualidad, el Palacio del Obispo Vellosillo es sede del importante Museo de Arte Contemporáneo de la villa (formado por escultura y pintura de los becarios de la Facultad de Bellas Artes de Madrid que cada agosto desde hace 40 años vienen a nuestro pueblo a dejar su arte, algunos de los primeros, hoy famosos y de donaciones) y de la Biblioteca Municipal.
Los días 30 de abril y 1 de mayo, se celebra la festividad de la Cruz de Mayo, que marca el cambio entre los mayordomos salientes y los entrantes. Una tradición relevante que todavía se conserva con fuerza en la Villa.
El 30 de abril por la noche, después de la celebración de la misa, se cuelga en el balcón del Ayuntamiento la Cruz florida y acompañado de música y baile, se reparte limonada y algún dulce típico.
El 1 de mayo, de procesión hasta la Ermita del Santo Cristo, después de lo remates, se va caminando hasta la pradera del Exconvento para allí disfrutar de limonada y torta.
Dominando la villa, impertérrito al paso de los años, se alza el cerro conocido como ‘El Castillo’, y sobre él, La Martina, la torre albarrana de origen árabe que se ha convertido en la imagen más emblemática del pueblo.
La Martina es la prueba evidente de la presencia de una fortificación musulmana de la que sólo queda esta antigua torre-vigía de piedra, con sus correspondientes almenas. Tiene planta pentagonal y en sus muros se abren dos enormes arcos de medio punto, que posiblemente sirvieron como paso del camino de ronda de la muralla.
Pasados los años y concluido el dominio árabe, junto a dicha torre se levantó la románica y ya desaparecida iglesia de San Martín -de ahí su nombre-, y La Martina, una vez reforzada y acondicionada, pasó a ser utilizada como campanario.
Desde ella puede contemplarse una bellísima panorámica tanto del pueblo y sus campos circundantes como de la cercana Sierra de Ayllón.
En lo alto del cerro, al margen de los restos celtibéricos y romanos hallados en distintas excavaciones, también destaca la presencia de ‘Los Paredones’, antiquísimos lienzos de tapial árabe pertenecientes a las murallas, a partir de los cuales se puede apreciar el antiguo trazado del recinto amurallado, así como las ruinas de la iglesia de Santiago de la que preservaron su imagen de Santiago Matamoros a caballo llevándola al retablo de la iglesia de San Miguel.
Desde el siglo XII, cuando se construye, hasta el 1 de febrero de 1902, año en que es suprimida para el culto, la de San Miguel Arcángel fue la iglesia principal de la villa.
Se trata de un templo románico tardío, ya en transición hacia el gótico. Con un ábside semicircular o cilíndrico y una robusta espadaña, su portada, semioculta por la balconada del atrio, construido todo ello en el siglo XVI, muestra la serena belleza de sus rosetones bizantinos.
La finalidad de la citada balconada no era otra que la de servir a los miembros del cabildo eclesiástico como excepcional mirador para asistir a los festejos taurinos, que en esa época se celebraban en la plaza.
En la actualidad, se encuentra en San Miguel un excepcional sepulcro de alabastro que sirvió de enterramiento para María Álvarez de Vallejo y su marido, Pedro Gutiérrez, secretario y tesorero de don Diego I López Pacheco y de su segunda esposa, doña Juana Enríquez, marqueses de Villena.
El emplazamiento original del sepulcro fue otra iglesia románica del pueblo, la de San Juan, donde el tesorero y su mujer costearon la construcción de una capilla monumental gótica -la de San Sebastián- que lo albergara. Sin embargo, a finales de los años sesenta del pasado siglo XX, la iglesia de San Juan pasó a manos privadas y tanto el sepulcro como la reja de la capilla vinieron a San Miguel.
Hoy la iglesia de San Miguel aloja la Oficina de Turismo y en ella se programan exposiciones, conciertos y otros actos de carácter cultural.
No muy lejos de la famosa torre Martina, apenas un ábside y los cimientos de una espadaña, lo que quedó de la iglesia de Santiago, románica del siglo XII, siguen presidiendo el otero que guarda las espaldas a la villa de Ayllón. Tan sólo se mantienen en pie los muros de su ábside y parte de su muro norte, pero su imponente presencia y la belleza del paisaje que contemplamos a nuestros pies compensan con creces la visita.
Sabemos así de sus muros de sillarejo y su espadaña de dos vanos. También conocemos que allí se veneraba al Santo Cristo y que… curiosamente sirvió de cementerio, mediado el siglo XIX, para acoger «los cadáveres de los coléricos».
Sólo el esqueleto de su ábside, muy descarnado, permite al menos localizar este templo que por su aspecto fue tremendamente expoliado y posiblemente reutilizado en parte para restaurar otras de las numerosas iglesias de la villa.
Algo, no obstante, queda de la ermita de Santiago; La figura de Santiago Matamoros en San Miguel y el Cristo en S. María la Mayor.
A la derecha, una vez pasado el Arco que da acceso a la villa, se encuentra este interesantísimo edificio de fachada de estilo gótico isabelino. Su portada, de sillería, se halla recuadrada con un cordón franciscano que hace mención al convento de San Francisco, con tres escudos ladeados hacia la izquierda (fachada de Juan de Colonia).
En caracteres góticos, puede verse la siguiente inscripción: «REINANDO EN CASTILLA Y EN ARAGÓN LOS MUY ALTOS PRÍNCIPES DON FERNANDO Y DOÑA ISABEL ESTA / CASA MANDO HACER EL MUY VIRTUOSO FIJODALGO: JUAN DE CONTRERAS EL AÑO DE MCCCCXCVII».
En el interior de esta casa-palacio, declarada Monumento Histórico-Artístico en 1969, se conservan unos bellos artesonados moriscos originales de la época de Don Álvaro y un mobiliario de gran valor.
Popularmente, es conocido como el palacio de don Álvaro de Luna, condestable de Castilla, ya que esta construcción se llevó a cabo a partir de otra anterior donde don Álvaro habitó.
Estos son los restos de la desaparecida ermita románica de san Nicolás que pertenecía como iglesia a la obra pía del hospital de Rey de Burgos. En el siglo XVIII entro en ruina total por una dejadez de sus propietarios pese a la advertencia del obispo de Sigüenza de excomulgarlos.
En 1833 se decide utilizar la portada de la ermita y el resto de la iglesia como solar para un cementerio. Los sillares fueron reutilizados para la construcción de la valla del cementerio donde en la actualidad podemos ver muchos de ellos.
Sobre la entrada hay una inscripción que nos aclara que estamos ante un cementerio «Templo de la verdad, es lo que ves, no desoigas la voz que te advierte que todo es ilusión menos la muerte» 1871.
La portada de la antigua iglesia conserva las tres arquivoltas, la del interior se decora con motivos vegetales, ornamentación que comparte en las jambas donde se apoya. La intermedia es abocelada y está decorada con motivos de medias bolas: descansa sobre ábacos también decorados con motivos vegetales, están dispuestos directamente sobre columnas. La arquivolta exterior es lisa, sobre impostas similares a las del interior. En la clave se ha dispuesto un capitel que está decorado con aves, qué podrían ser águilas.
Entorno a la portada se colocaron restos de capiteles, canecillos, con decoración vegetal sin ningún criterio arquitectónico y propio del románico del siglo XII.A lo largo de la muralla podemos ver números restos de la antigua iglesia que se han reutilizado, restos de la imposta decorada con bolas, sillares con marcas de cantería firmado con la “v” ó “+”.
Centro neurálgico de la villa, la Plaza Mayor de Ayllón sorprende al visitante con su pintoresca personalidad.
Los soportales con recios pilares de madera, que protegen de los rigores tanto del invierno como del verano, la uniformidad de las construcciones, la fuente de cuatro caños que se construyó para conmemorar el IV centenario del descubrimiento de América, la iglesia románica de San Miguel, el palacio de los Villena que alberga el Ayuntamiento…, conforman un todo armónico que hace de la plaza una imagen que se queda grabada en la retina.
Todo ello nos permite afirmar que plazas, lo que se dice plazas, hay muchas, pero pocas pueden emular el indiscutible encanto y la belleza de esta nuestra Plaza Mayor de Ayllón.
El castillo de Ayllón se alzaba en el cerro que domina la villa, toda ella circundada por un murallón de tapial árabe de gran espesor denominado ‘Los Paredones’, en los que pueden apreciarse restos de vigas empotradas perpendicularmente.
Dichas vigas permitían apoyar en ellas dos tableros verticales, los encofrados, que luego eran rellenados con tierra apisonada, a la que se añadía una lechada de cal.
Un enorme bloque de argamasa, situado en la parte más próxima al pueblo, hace suponer que de allí arrancaran las murallas que rodeaban la villa, para después bajar junto a la iglesia de San Juan y Los Adarves, en cuya cerca de la huerta de las madres concepcionistas pueden apreciarse aún varios lienzos.
Desde allí, frente al río Aguisejo y siguiendo por las huertas, junto a la carretera de Soria, la muralla cerraba la villa y subía por las laderas opuestas del cerro.
Anteriormente conocido como la casa de las Doncellas, este edificio fue construido en el año 1693 y pertenecía a la familia Vellosillo. Durante muchos años la vivienda fue utilizada como casa de descanso por la emperatriz Eugenia y su propiedad siempre ha estado asociada a la familia de los duques de Alba. En su fachada se pueden contemplar también los escudos de armas de las familias Portocarrero y Osorio.
Está situado extramuros de la villa, en la margen izquierda de la carretera N-110, antes de que ésta, camino de Ayllón, llegue al puente sobre el río Aguisejo.
El edificio, fundado en el siglo XVI por piadosos cofrades, ha sido utilizado históricamente y hasta no hace tanto tiempo como hospital, dependiente del Obispado de Sigüenza.
A los acogidos en este centro se les daba el apellido De la Cruz.
El hospital fue abandonado a finales del siglo XIX, y no sería hasta 1910 cuando el entonces párroco de Santa María la Mayor logró conseguir fondos de la Junta Provincial para arreglarlo.
En la actualidad, el edificio acoge la residencia de personas mayores de Ayllón.
Situado a las afueras de la villa, junto a la carretera que conduce a Aranda de Duero, este convento fue fundado por san Francisco de Asís en el año 1214.
La historia recoge que en él se reunieron don Fernando de Antequera, señor de Ayllón, la reina Catalina de Lancáster y el entonces rey niño Juan II, junto con fray Vicente Ferrer, poco antes de que el primero se convirtiera en rey de Aragón en 1411.
También pernoctó en su famosa hospedería, allá por 1581, la santa andariega Teresa de Jesús, procedente de Soria, donde acababa de fundar el convento de la Santísima Trinidad. La acompañaba, cómo no, su inseparable compañera sor Ana de San Bartolomé.
En 1601, el convento de San Francisco sufrió un aparatoso incendio, tras el cual fue sometido a una importante reforma.
Entre 1802 y 1813 los frailes hubieron de dispersarse, acosados por las tropas francesas que habían invadido la Península.
En 1845, el Estado se hace cargo del complejo y, tras pasar por diversas vicisitudes, acabó siendo de propiedad privada. En la actualidad, funciona como establecimiento hostelero.
Sus dos antiguos y magníficos retablos acabaron encontrando acomodo en la iglesia parroquial de Santa María de Riaza y en la de Santa María la Mayor de Ayllón.
Esta iglesia, de estilo neoclásico, fue construida, entre finales del siglo XVII y comienzos del XVIII, con elementos procedentes de otras parroquias extinguidas de la villa. Destaca principalmente por su emplazamiento y su planta de cruz latina.
Cuenta con un soberbio campanario de 40 metros de altura rematado en espadaña.
Su puerta principal, de columnas estriadas y labrados pedestales, sostiene una hornacina con una imagen de la Virgen con una cruz en el centro. El interior del templo se distribuye en tres planos: cuerpo de la iglesia, nave del crucero y presbiterio.
El retablo mayor, procedente del desaparecido convento de San Francisco, es de una majestuosidad asombrosa y en él ocupa un lugar preferente la imagen de la Virgen de la Estepa, aunque lo preside el Cristo originario de la desaparecida ermita de Santiago.
La sacristía es una espaciosa y bien iluminada dependencia decorada con cajonería, mesa, cuadros y un altar de la Purísima.
En el cuerpo de la iglesia pueden verse otros altares, varios cuadros, coro y órgano, etcétera, casi todo procedente del convento de San Francisco, y losas funerarias con escudos de la nobleza que en otros tiempos habitó esta villa.
Este palacio, construido en el siglo XVI y reformado en profundidad en 1804, fue arrasado por un incendio, en 1945, del que sólo se salvó la fachada.
En su pared frontal, tanto a derecha como a izquierda, pueden verse los escudos de los marqueses de Villena.
Al parecer, éste fue el primer palacio que los marqueses tuvieron en la villa, antes de que decidieran cederlo al Consejo de Ayllón en el año 1620.
El Arco medieval que da acceso al pueblo (el único que queda de los tres que tuvo el recinto amurallado de la villa) se encarga, como buen centinela, de dar la bienvenida a todo el que se acerca a Ayllón en busca de su historia y sus encantos.
Los escudos que pueden verse en dicha entrada datan de mediados del siglo XVI, y fueron colocados por orden de don Diego II López Pacheco y doña Luisa Cabrera de Bobadilla, marqueses de Villena.
Por su parte, los escudos que campean en la Casa del Ayuntamiento pertenecen también a dichos marqueses, al igual que los que lucen en la portada del convento de las Monjas Concepcionistas.
Durante el año 2013, el Arco ha sido sometido a una reciente y exhaustiva restauración, tras la cual ofrece una imagen que ha ganado en prestancia y encanto de forma considerable.
Este antiguo convento de la Concepción Franciscana, del siglo XVI, cuenta con una interesante portada en la que luce el escudo de los marqueses de Villena, que fueron sus fundadores.
La Iglesia, de planta grecorromana y estilo románico, cuenta con una bóveda de cuatro tramos y un claustro románico de dos plantas.
En la actualidad, el convento es de propiedad privada y está dedicado a proporcionar alojamiento rural.
La Casa de la Torre está situada junto a la Plaza Mayor, frente la espadaña de la iglesia de San Miguel.
Tiene la particularidad de ser el edificio civil más antiguo de los que se conservan en la villa y, aunque en la actualidad es sede de una oficina bancaria y un hogar de jubilados, no hace mucho tiempo llegó incluso a ser empleado como casa-cuartel de la Guardia Civil.
Una curiosidad: tanto la portada gótica de la Casa de la Torre, como la del palacio de los Contreras, también en Ayllón, se hallan reproducidas en el Pueblo Español de Barcelona.
Es este uno de los edificios más destacados de la villa, debido a su magnífico escudo de armas. Ovalado y sostenido por el águila de San Juan, muestra bordura de ocho armiños y está cuartelado del siguiente modo:
Alberga la más que notable colección municipal de arte contemporáneo, que se va nutriendo tanto con la obra de los becarios de la Facultad de Bellas Artes de Madrid que nos acompañan todos los agostos desde hace 40 años, como con las donaciones realizadas de forma particular. Algunos de esos primeros becarios como: Genovés, Ávia Salamanca, Lucio Muñoz ahora son famosos, conservando aquellas obras nuestro museo.
La Asociación Cultural Amigos del Medievo empezó su andadura en 1996 con el principal objetivo de crear una fiesta de ambientación medieval en el pueblo, apoyada en las infinitas posibilidades que ofrece la villa en este sentido..
‘La Fiesta y el Mercado Medieval’ no fue la primera celebración que se hizo en torno a este periodo histórico, ya que anteriormente se realizaba una ‘Cena Medieval’ en el Palacio del Obispo Vellosillo, cena que fue la base para que la idea de un ‘Ayllón Medieval’ cogiera forma y volumen.
El proyecto de la Asociación Cultural Amigos del Medievo consistió en prolongar la fiesta durante todo el día, no sólo por la noche. Después, a lo largo de los años, la celebración fue ampliada a la totalidad del fin de semana.
Ayllón Medieval es una fiesta que ha ganado con los años, como los buenos vinos, en cuanto a relevancia turística, capacidad de organización y poder de convocatoria.
El último fin de semana de julio es ya una cita ineludible en la agenda de cada vez más personas, que no quieren perderse una fiesta pensada por y para ellas, en un pueblo que presta gustoso al evento todos sus rincones llenos de encanto y todo su patrimonio arquitectónico y cultural.
Ayllón Medieval, una forma de conocer la villa de la mano de su historia, sus gentes y un sinfín de actividades y propuestas que amenizan la fiesta y la convierten en inolvidable.
El de la Peña de Estebanvela, descubierto en 1992, es el único yacimiento conocido del Paleolítico Superior de la provincia de Segovia. Se encuentra en un abrigo de roca caliza en un enclave situado a un kilómetro del municipio de Estebanvela.
En 1999 comenzaron las excavaciones hasta su finalización en el 2009, donde se encontraron restos de mamíferos, piezas de arte mueble (destacando dos piezas que representan caballos salvajes y el resto corresponden a arte simbólico), adornos y diversas herramientas fabricadas en piedra y hueso.
En el año 2006 se inauguró el Centro de Interpretación de la Peña de Estebanvela, en el que se podía conocer de primera mano el trabajo de los arqueólogos que han pasado por el yacimiento; se podían encontrar reproducciones de los materiales y del arte mueble hallado en el yacimiento, así como una representación de los clanes familiares.